Mi absurda batalla


Sin prisa, me escondo del silencio, retrocedo ante su magia ocultando mis temores. Cada molécula de mi cuerpo es dueña de ansiedades que conviven en mi sangre con la simetría de un jardín inglés.
Bajo un rojo manto de olvido, guardo con recelo la iniquidad y el odio. Fantasmas poderosos combaten conmigo, arremeten contra mis fuerzas apretando sus espadas, amenazando con celebrar su triunfo: despojarme del fatídico cofre, resguardado por mi esencia y mi humanidad controlada.
Sola me enfrento a mis dragones, pues las luchas internas no admiten intervención de terceros. Sería como reconocer la incapacidad de mi escudo, la inutilidad de mis brazos para ganar esta guerra perenne.
Aún si pidiera ayuda, nadie lograría esquivar los proyectiles que me persiguen. Para mí están destinados, es mi carne la que deben lacerar, mi espíritu al que deben quebrantar. Quizás lo consigan, algunas murallas de mi fortaleza se han desplomado. De sus torres en ruinas emanan humaredas, que recuerdan los fracasos y decepciones del pasado.
Pero el ímpetu de mi océano llegará hasta los faros. Desde allí atisbaré a las naves enemigas. Con fuego en el corazón libraré mis batallas, y las páginas de la historia las pintaré de mi color. Al menos las de mi historia.
Sin importar el desenlace, que siempre será la derrota, ancla y velamen jugarán su papel. Predecir que seré vencida no obedece a inseguridad, debilidad o pesimismo. Es tan sólo el privilegio de poseer una certeza. La de que en cualquier instante, en cualquiera de mis campos, el final llegará vestido de Muerte. Vislumbraré su barca desde mi promontorio, y acudiré a su encuentro en humillante paz.
Comprenderé entonces lo absurdo de mi lid, añoraré la indiferencia ante el desafío, reconoceré su dominio sobre mi ejército. Y rendiré mis armas. Para siempre.

Falsa Cordura


Si la consoladora doble moral no existiera, la mitad de los habitantes de este planeta se quedarían sin nada que hacer. Resulta sorprendente que millones de hombres y mujeres puedan verse al espejo cada mañana sin sentir un milímetro de repulsión hacia ellos mismos, sin avergonzarse de su persona.
Al maratón de contradicciones que conforman la vida se suman a cada instante nuevos competidores que entrenan muy duro para alcanzar el estado mental necesario y resultar ganadores en esta comedia.
En la gran plaza pública de la cotidianidad se comercializa todo a diario: amor, poder, sexo, responsabilidad, servicio, salud, caridad, libertad.
Y el negocio del siglo se acerca, “clases de actuación para aprendices de individuos exitosos”. Los principales maestros serán los políticos, abogados, sacerdotes, educadores, periodistas... un momento, yo soy periodista. Bueno, talvez yo tampoco esté a salvo, espero no caer en la tentación. Después de todo, a mi también me asignaron un papel al nacer, sólo que cuando tuve el guión en mis manos, lo rompí en mil pedazos y lo arrojé a la basura.
¡Mi hermoso planeta! Lo bueno es bueno dependiendo de las circunstancias. Lo malo es malo dependiendo de quién lo haga. Ninguna regla esta clara en la podrida sociedad de hoy, sólo se reafirman las leyes en el momento preciso de juzgar los actos ajenos. Antes de eso, la ética, la moral y la integridad, son conceptos vagos flotando en el subconsciente como fantasmas de una lejana pesadilla. Pero en cuanto se presenta la oportunidad, los jueces menos indicados suben al estrado llenos de majestuosidad y milagrosamente los olvidados conceptos cobran vida y fuerza imperante, y caen sobre el acusado con todo el peso del cinismo y la desfachatez.
Es difícil creer en un mundo donde el oficial civil que celebra tu matrimonio te pasa discretamente durante la ceremonia una tarjeta de su bufete privado, donde él es especialista en divorcios.
Es difícil creer en un mundo donde la policía delinque más que los pandilleros, pero necesita de éstos para mostrarlos en las ruedas de prensa y asegurar que todo está bajo control.
Es improbable sobrevivir en este pedazo de tierra amenazado por el agua de los polos, en el que miles de mártires adeptos de PETA y Greenpeace, vociferan en las calles sus mensajes de concientización y luego van a sus hogares a disfrutar un suculento bistec o algún producto enlatado cuyo envase terminará en la basura sin tomar en cuenta el reciclaje.
Qué amarga resulta esta masa de continentes, donde las banderas blancas disparan proyectiles, donde los aviones de guerra arrojan al mismo tiempo misiles y comida a sus víctimas inocentes, donde la potencia más admirada es la que más terror y muerte siembra a su alrededor.
Qué triste es esperar en la fe que necesita monedas para subir a los pies de su Dios, sin garantías de una recompensa que amortice la agonía.
Qué duro es este mundo donde, como dijo Tácito, se le llama paz a la soledad del exterminio.
Todos fingen ser sensatos, juiciosos, precavidos, exitosos, autosuficientes, independientes, seguros, prudentes, sabios, optimistas. Pero todo es falso, como flores de papel. Tal cual. Color y aroma inexistentes.

Entre mis sábanas


Una mirada de complicidad, una sonrisa provocadora, luces que se apagan, aroma que te envuelve. Tus pasos atropellados persiguen a los míos, siguiendo aquel camino, tantas veces recorrido, que ya no necesitamos ver.
Tus manos conocen el trayecto, saben donde detenerse, saben cuando continuar. Dos cuerpos confundidos en uno, respirando el mismo aliento, olvidándose del tiempo. Tu alma y la mía vuelan juntas hacia ese rincón donde los sentidos te turban y la sangre se enciende, convirtiéndose en un torrente que la pasión aviva con cada caricia.
Besos húmedos, suspiros ahogados, explosión de placer. Algo mágico sucede cuando el amor se materializa, cuando sobrepasa a la carne y va más allá del acto terrenal, arrabalizado por muchos que no comprenden su intensidad, que no conocen el lenguaje mudo que susurra bajo la luna, cuando dos amantes avanzan hacia lo prohibido.
Existe un instante donde el aire se tiñe de rojo, donde los poros destilan ternura, donde las siluetas se dibujan una a la otra con dedos temblorosos por el deseo. A mis labios de fuego llegan los tuyos, y sacian la sed que yo guardaba para ti. En tus brazos muero y vuelvo a nacer, vivificada por la energía k brota de tu cuerpo.
Eres mío, soy tuya. Formamos un todo indivisible que no perece después que el amor queda hecho. Traspasa las sombras del olvido, rompe las rocas de la superficialidad y la rutina.
La pasión es nuestra ropa, el deseo nuestra carne. No existe un rincón donde no hayamos estado. Ningún pensamiento que no haya sido entregado.
Éste es el momento, renovamos nuestro amor. Encendimos la llama, ahora cargamos las brazas. Lo que nunca habrá, son cenizas. Somos fuego eterno, dentro y fuera de las sábanas.

Amnesia


Me preguntas si te amo. Qué pregunta tan espinosa. ¿Amor? Término casi desconocido para mí. Creo que se más de arquitectura.

Al menos sé que ésta es real, que sirve de algo, que las personas la aprenden sin sufrir y hasta viven de ella.

Mi corazón y yo nada sabemos del amor. Una vez nos presentaron, me cayó súper bien. Amor, amor, amor, ¡Qué dulce era! La sensación más maravillosa que había conocido. Empecé a tratarlo, me invitó a tomar su mano, me sedujo, nos abrazamos, me aferré a él. Lo sentí durante años, lo defendí ante todo. Con él estuve en la cima y por él baje al infierno. Pero era feliz. Vivir con intensidad ha sido mi ideología.

Hasta que un día, supe que todo era falso. Me presentaron un sentimiento irreal. Conocí y abracé a un fantasma, a una nube de ilusión que hoy se desvanece ante mis ojos. Cayó el telón. Cada uno de los instantes, que antes habían sido de magia, colgó uno a uno su careta y su disfraz de utilería.

Las definiciones empezaron a agolparse en mi cabeza, cambiándose por imágenes nuevas. Verdad por mentira, pasión por intriga, ternura por amargura, ingenuidad por experiencia, amor por indiferencia.

Alguien me arrastró y fui llevada ante una pantalla. Las escenas de la obra, que era mi vida, pasaron ante mí. Descubrí detalle tras detalle, cuáles habían sido los trucos. El público estallaba en carcajadas al verme representar mi papel.

Desperté. No sé si viva o muerta, pero estoy despierta. Y ahora llegas tú, con esa pregunta en los labios. Mencionas la palabra... amor... un susurro de su esencia llega hasta mí. Me parece familiar, huelo un ligero perfume. Hago un esfuerzo y me estremezco. Es todo. No recuerdo nada más. No sé de qué me hablas. Mi mundo ahora es otro.

Por mis venas no corre sangre. Mi alma ya no ve. La última vez que supe algo de mi corazón, fue la realidad quien me contó haberlo visto en un basurero. Y al contármelo, se reía. Pero cuando me fijé en su rostro, advertí que algunas lágrimas corrían.

Docis de Autenticidad


Sinceramente, hay gente que no merece su vida. ¿Qué es lo que veo al caminar por las calles? Mujeres que obligan a sus cabellos a ser más flexibles de lo que pueden. Otras lo cambian de color como cambian de zapatos (que por cierto, deben ser de piel). Visten de diseñador, aunque no tengan con qué pagarlo, y no importa si les gusta o si se sienten cómodas, lo importante es “estar a la moda”. Es la frase más estúpida que han podido inventar. Algunos desafían a la naturaleza, cambian de sexo, de nombre, de color de ojos, de personalidad. Los hombres pasan horas en un gimnasio, sacrificándose para gustar a otros y otras. Deben tener el mejor auto posible y una buena cuenta bancaria. Ambos sexos frecuentan los lugares más sofisticados. Quizá no les guste el servicio, la comida o el humo de los cigarrillos, pero ¡Que más da ! Vale la pena, son miembros VIP de este circo donde todos juegan a ser felices.

Cuánta superficialidad, qué almas tan vacías. En el paso veloz de sus días, donde cada uno es igual al anterior, si logras detenerlos por un instante y cuestionas su prisa, ni siquiera saben a dónde van. Es más, no saben por qué corren. Me pregunto si son víctimas del sistema o si alguna vez tomaron una decisión. La de ingresar, sin temor a las consecuencias, al círculo de mediocres que cada mañana se colocan sus máscaras de satisfacción a sabiendas de que en el fondo, no tienen nada. Sólo frustración y miedo.

Siempre he querido abrir una tienda; nunca he decidido de qué. Ahora que lo pienso, me resulta tentador comercializar lo que más hace falta en el camino. Una caja conteniendo un poco, sólo un poco de autenticidad. Creo que con eso será suficiente.