Gritar más fuerte




En unas semanas cumpliré 27 años. Con la inmensa pasión que siento por la música, a menudo me lamento por los tantos años perdidos sin haber descubierto ciertos artistas, bandas y canciones de cuya existencia nunca supe, hasta mucho tiempo después. Por ejemplo, más de una vez me he preguntado: ¿Cómo es que soy más vieja que Toque Profundo y no invertí al menos la mitad de mi vida en escuchar su música? ¿Por qué me sucedió tal desgracia?

Claro, cuando creces en un pequeño pueblo del interior, sin el auge del Internet durante tu infancia y adolescencia, escuchando estaciones de radio donde te pasan a Arjona y a Maná todo el día (porque esa es la música latina y la que “hay que oír”) no tienes muchas opciones de dónde elegir. No es que puedas crearte una conciencia musical amplia, diversa, atrevida, rica. Y básicamente eso fue lo que me pasó, como imagino, le habrá pasado a muchos.

Pero gracias a Dios, existen los hermanos mayores. A través del mío conocí, un día cualquiera de mi adolescencia, aquella canción que hablaba sobre la amistad. Y decía que un amigo es una luz en la distancia, y que calmaba las turbulencias, y una cadena de frases hermosas, cantadas por una voz visceral que jamás había escuchado. Fue amor a primer oído.

Luego descubrí la historia de un viajero que dejándolo todo se aventuraba a tierras extrañas, persiguiendo sueños improbables y sintiéndose siempre ajeno. Después escuché como le ponían melodía a las realidades de mi país y sus personajes... Y así, sin saber nada de la vida, en aquel apartado rincón del Cibao, supe que en mi media isla había una banda que hacía rock dominicano (¿Quéjeso?) y se llamaba Toque Profundo. 

Me gustaría poder decir que en ese encuentro culminó todo y que hubo boda, pero no. Aquella era la época de los casetes, más adelante los discos digitales, y en mi corriente vida de muchachita estudiosa y de su casa, no había ocurrido todavía el verdadero despertar musical que vino después. Muchos años pasaron, el querido hermano emigró -como el viajero de la canción- y de alguna manera perdí el contacto con esa “música rara” que tanto me había gustado.

Pero un buen día, llegó la adultez. Universidad, dejar la casa de tus padres, mudarte a la ciudad, trabajar, hacerte cargo de tu vida, pasar trabajo… y tomar decisiones. Por suerte, qué música escuchar, era una de ellas. Y para no seguir aburriéndoles, el chiste en todo este bla bla bla es que escuché a esos locos por primera vez siendo una niña y que pude ir a mi primer concierto de ellos siendo una vieja. Ahí sí se consumó el matrimonio y desde entonces no me pierdo un show.




Eso sí, valió la pena la espera, el tiempo perdido se recobró. Porque resultó que cuando Clemente rasgó esa guitarra, cuando Tomás hizo temblar su bajo, cuando Joel golpeó aquella batería y Tony soltó las primeras notas, todo sonó como ese día de los 90’s cuando por primera vez tuve contacto con su música. Volví a ser una niña que desconocía el futuro, pero que vivía ese instante con la intensidad que cada nota me provocaba. Volví a sentir cerca a mi amado hermano, al que tanto extraño y con quien siempre me he sentido unida por Toque a pesar de la distancia, cada vez que los escucho.

Por esto y más, cuando en la noche de Premios Soberano se desplegó aquella gran producción complementada por íconos de la balada, salsa y bachata criollas, cuando vi cómo en unos minutos intentaron (porque es imposible) condensar las mil historias hechas canciones, la gran trayectoria basada en calidad y fe, las emociones arrancadas a generaciones de fans que se han identificado con la banda, me sentí feliz, agradecida, paga, orgullosa. 

Y esperanzada. Porque Toque nos enseñó que los sueños deben ser más grandes que los miedos. Que las ganas se imponen a los obstáculos. Que hacer lo que amas, y no lo que se supone que debes hacer, te hará feliz aunque no ganes un Grammy. Que la perseverancia rinde frutos. Que el talento, tarde o temprano, hace voltear las miradas, abrir los oídos y aplaudir de pie.

Y que aunque tengan que pasar 25 años, un día tu pueblo te verá subir a un gran escenario a aceptar lo que ya te habías ganado un par de décadas atrás, mientras tus seguidores de corazón con la piel erizada te dirán "GRACIAS POR TANTO". Por hacer música, por ser valientes, por enseñarnos que, hasta que las cosas cambien, hay que aprender a gritar más fuerte y por más tiempo.

¡Larga vida a Toque!

Con toda la admiración de una fan tardía, pero fiel.

Anatomía del dolor



A veces pasa que los sentimientos se arrugan frente a un fugaz destello de melancolía.
Y se funden en lágrimas, en suspiros, en  deseos.
Se alinean, se empujan, se crecen, se queman.

Y sucede que el corazón muda la piel para quedarse al desnudo.
Se hincha de amargor, te arde en el pecho, explotan sus venas.
Mueres una y mil veces,  mientras el ciclo cumple su vida.

Ahí, eres nada. Una emoción, un parpadeo,
un grito perdido, un pedazo de luna.
Un manto de noche que esparce su sombra.

Mueves los labios y el sonido no sale.
Aspiras hondo y el aire no llega.
No roza siquiera el umbral de tu pecho.

Y revives aquel recuerdo,
como si lo vieras en una de esas bolas de cristal
que al moverlas precipitan nieve y fantasías.

Entonces comprendes que es real,
que nadie agitará tu burbuja
ni hará llover bendiciones sobre ella.
Que el tiempo no perdona,
que sólo te utiliza para ganar su juego.
Y desapareces.

Pero un día, cuando no resta en tu fosa
más que ausencia y miedo,
una incomprensible luciérnaga se atreve a acercarse.
Tímidamente, revolotea sin animarse a tocarte con sus alas.

La miras, y ya la amas. Sientes que su luz sabe a promesas…
Al fin está frente a ti; tú tiemblas de alegría,
y al instante ella se muda en tu interior.

Poco a poco reconstruye ese espacio sucio, abandonado y triste,
y uno a uno va uniendo los restos de tu alma.
Te sientes otro, aunque no lo eres.
Y de pronto ella se aleja sin razón.
Temes que no regrese, e intentas saber su nombre:
”Esperanza”
Y una de tus viejas sonrisas vuelve a tu rostro sin remedio.

Abordaje




No firmé contrato de fidelidad con la vida, lo sé.
Entonces, ¿Qué he podido robarle?
¿Cuánto pesa mi equipaje?
He llegado a una edad mental
en la que las cosas que me parecían maravillosas,

ya no lo son tanto.

Descubrí la sonrisa hipócrita, el suspiro sincero,
el abrazo oportuno, el beso apresurado.

Las mil y una formas de sorprender una mentira en labios amados.

Guardé en el obsoleto cajón,
llamado alma por costumbre,
las mejores sonrisas que se inventó la felicidad.
Las más saladas lágrimas, purificadoras de agonías.

Los siniestros destellos de mi amada soledad.

Me he hecho psicóloga honoraria,
paranoica por accidente,

tolerante por necesidad.

He aprendido cosas, olvidado otras…
E inventado muchas más.
He procurado ser cada día un poco más imperfecta
(Se me ha dado muy bien)
Y desear menos.
Y soñar más.
Y creer.
Y olvidar.
Y amar.

Y VIVIR.

De la tonta y mágica forma en que sé hacerlo.
Equivocándome por deporte.
Cómoda en el circo que me rodea.

Jamás conforme con la mediocridad.

Atenta al movimiento de una hoja seca.

Insensible al estruendoso resto de la realidad.

Me iré abrumada por tanta belleza vista,
imperceptible para quien no sabe mirar.
Con un corazón estropeado y agradecido.

Con la voz deshecha por el cantar.

Gran viaje. Lo admito:
Desearía seguir aquí… Y sin embargo saboreo el final.
Por eso, aún indefensa, estaré lista para abordar.


7 formas de sobrevivir al calor... En RD





¿Alguien dijo calor? ¡Bienvenidos a República Dominicana! La tierra del eterno verano, donde las demás estaciones del año sólo son nombres bonitos para inspirar a los diseñadores.



Luego del pasado e inolvidable domingo, cuya temperatura nos sacó de control a todos, noté que milagrosamente mi cerebro no se había fundido.



Así que, antes de que eso suceda, puesto que la ola de calor amenaza con quedarse, se me ocurrió presentarles estas humildes sugerencias para que puedan ganar la batalla contra el termómetro.


1. Evite ver y escuchar programas de opinión, especialmente el Gobierno de la Mañana, el de la tarde, y todos los gobiernos que puedan aparecer. Además, las producciones de José Gutiérrez (casualmente también se llaman En la mañana y En la tarde, qué manía).

2. Bajo ningún concepto cocine ni coma platos como sancocho, sopa, asopao, chambre de habichuelas, etc. Esto podría salvarle la vida.

3. De igual modo evite darse una soberana “jartura”, pues estas disminuyen la capacidad de respirar, lo que suele provocar una severa sofocación.

4. No discuta con su pareja, si la tiene. De no tenerla, espere hasta diciembre para conseguirla. Esto le traerá un triple beneficio, ya que estará acompañado en el friito, y recibirá un regalo extra en navidad.

5. En tanto le sea posible, posponga los trámites de obtención de actas de nacimiento, pasaportes o cualquier otra diligencia que amerite pisar una oficina gubernamental. Ya saben que se coge mucha cuerda y no hay aire acondicionado.

6. Si decide tomarse una “fría” para refrescarse, tenga fuerza de voluntad y procure que sea sólo una. De lo contrario, usted entrará en el correspondiente “prende” que ocasiona el alcohol.

7. Respire profundo y piense en un lugar bonito cada vez que tenga que visitar una estación de gasolina o un supermercado. También cuando lo detenga un agente de AMET con una multa fantasma, cuando tenga que coger un carrito -especialmente de la M, F, o una voladora- y hasta cuando vea en la televisión la cara de nuestro Presidente (ya saben que la ira aumenta la temperatura corporal).


Por supuesto, no olvide seguir los tradicionales consejos de los expertos:Usar poca ropa, de telas suaves y colores claros.Tomar duchas de agua fría, evitar asolearse e ingerir mucha agua.


Si logra sobrevivir a este verano, usted será un héroe y probablemente nos veremos en diciembre.


¡Buena suerte!

¡Viva la diversidad!


No es que pretendo pasarme la vida hablando sobre mí,

pero resulta que de todas las cosas que componen mi pequeño mundo,

soy yo precisamente la más incomprendida por el resto,

y la más simple para mi propio entendimiento (eso es lógico, supongo).


Entonces, me la paso enfrentando cuestionamientos sobre

por qué no puedo mantener la boca cerrada mientras me pinto las uñas,

por qué adopté como mascota a un pollito de plástico,

por qué duermo con un radio encendido

o por qué todavía no tengo un BB… ¡Ese sí que es un dilema global!


La incapacidad de las personas para entender ciertas cosas, no es un crimen.

De hecho, he ido aprendiendo a vivir con eso y forma parte de mi constante

entrenamiento personal para combatir mi intolerancia.

Lo que sigue sorprendiéndome es la incapacidad de los demás para DEJAR VIVIR.

Sin hacer comentarios, sin querer (y creer) saberlo todo, sin controlarlo todo.


He notado que algunos nacemos con condiciones naturales para

coexistir en paz y seguir el absurdo curso de la vida, mientras que a otros se les dificulta,

pero la verdad, esto no indica que algunos talentos no puedan ser adquiridos.


Después de todo, la mayoría de la gente se auto educa para

“ser un buen plomero”, “ser una buena madre”, “ser un buen empleado”,

y otros detallitos como saber comportarse en la mesa, utilizar la computadora, etc.

Incluso se aprende hasta a ser gay.


Mi pregunta es: ¿No es igual o más importante aprender a vivir?

¿A obviar los estándares? ¿A ser diferentes?,

y sobre todo, a ser feliz con ello,

sin preocuparnos por opiniones externas.


Me tranquiliza tener la seguridad de que no hay nada malo en mí,

precisamente porque poseo cuantiosas imperfecciones, manías… o como se llamen.

Es parte de mi naturaleza, de mi esencia

y no temo exteriorizarme tal cual soy.

Todos somos diferentes, pero todos somos aceptables.


Quiero terminar aquí, pues no deseo que al pensar demasiado en este tema

me convierta precisamente en la intolerante que suelo ser,

y en una acosadora de aquellos que hostigan su vida cuestionado las ajenas.


Solo diré que de algo estoy muy convencida:

No es necesario seguir patrones. Es más, ni siquiera es saludable.

Creo que no hay cosa más perfecta que la imperfección.

No hay licencia más útil que la de ser diferente.

No hay lujo más delicioso que el de ser uno mismo.

Y el de buscar la felicidad en la simplicidad que otros desperdician.

Estrenos...


Nuevos besos…
¿Será posible?
Una nueva caja de emociones en forma de labios,
de aliento cálido,
de humedad provocadora.

Un motivo distinto para respirar agitadamente,
para impedir la huida de un rostro
y permitirse perder el control.

Un pretexto que justifique el inusual ritmo cardíaco.
Que apresure la sangre,
que la encienda, la dilate, la duplique.

Un rincón en el cual descubrir dulces secretos,
ahogados en gemidos que anticipen rendición.

Un inédito sabor escondido
en el fondo de una boca egoísta
que exija más de lo que ofrece,
que prolongue el suspiro final.

Que borre de mis labios las huellas más recientes,
sin pedir licencias, sin guardar impulsos.
Sin honrar pudores.

Esa combinación de caricias mudas
hechas para desarmar al más intrépido recuerdo,
ha de ser el remedio último que adormezca para siempre al pasado.

Un acertijo que el deseo resolverá
sin más ayuda que sus mismas trampas:
La pasión
La ternura.
La entrega.
Y el olvido.

Sátira del papel en blanco


Ironías…
Hace unos instantes este lápiz sólo vagaba
sobre un papel agobiado por la espera.
Trazaba círculos difusos, líneas sin sentido.
Fiel reflejo de mi alma.
Y ahora habla. Libre, como había olvidado que era.

Tres meses de silencio…
¿Qué pueden significar?
¿Qué puede sucederle al corazón de una mujer en noventa días?
Un adiós definitivo, un amor prohibido, un beso furtivo.
Horas amargas, minutos de dicha.
Sonrisas de alquiler, auténticas lágrimas.

Ilusiones que trato de remendar, cosiendo parchos de esperanza.

Mil preguntas. Un millón de dudas.
Un perfume de hombre en mi almohada.
Muchas ganas de gritar, sin exponer un porqué,
y otras tantas de permanecer ausente.
Invisible.
Absolutamente inmaterial.


Pero sigo aquí, tan palpable como lo fuera el amor que respiraba.
Aquel del que ya no quiero hablar, aunque no pare de hacerlo.
Continúo en la absurda búsqueda de algo que no necesito,
que ni siquiera estoy segura de querer.


¡Más ironías!


¿Qué tan largo puede ser el proceso
de reconstruir un corazón desde sus cimientos?
Le temo a esa respuesta.
Le temo a todo.
Al vacío que crece, a la alegría que se esfuma,
A la felicidad futura con la que debo soñar.
A estas letras veladas, que no se acercan a lo que fueron.

Me temo a mí.
Y a mi inmensa capacidad de reducirme.
Fin de las ironías.
Inicio de la realidad.

Efecto Luna

Ahí estaba.

Tan espléndida y enigmática como en nuestras mejores noches.

Bañando a la ciudad con sus rayos de nostalgia.
Inundando mis sentidos de inquietud, de recuerdos.

La vi, y vi tu cara.

Tu sonrisa, tus manos… ¡Tus manos!
Esa extraña combinación de habilidad y sorpresas.
Me parece estar sintiéndolas,
oliéndolas, deseándolas… tan sabias como siempre.
Y tan mías.

Y tus labios, ¿Cuántas veces los he soñando?
¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquel beso?
¿Aquel que resbaló en nuestras bocas,
sin sospechar que era último?

Han pasado muchas lunas.
Las he admirado en su inmensa bóveda,
Escuchándolas preguntarme por ti.
Por el amor inverosímil del que les conté tantas proezas.
Por el calor que era fuego eterno y nunca brazas.
Por las cadenas que dichosa amarré sobre mi alma.

Y ahora, sólo ella.
Único emblema imperecedero que atestigua la realidad de ese sueño.
Que sí existimos. Que te amé, que me amaste.
Que nuestros ojos siguieron juntos mil veces sus destellos de plata,
para ir a perderse sobre las huellas
que algún osado dejó convertidas en manchas,
cuando paseaba su avaricia sembrando banderas de barras y estrellas.

Hoy es únicamente ese hechizo circular
de magia y de promesas,
el que me hace esperar por una nueva razón para mirarle.
Por unos brazos nuevos que rodeen mi cintura,
al tiempo que en nuestras pupilas se refleje su encanto.

Mientras espero, ella continúa ejerciendo su misterioso poder sobre mí.
Ese incomprensible dominio que transporta mi ser
hacia dónde no debe ir.
Y es que cada vez que la miro, vuelvo a ti.

... Y me deja vacía


Hoy hablo de recuerdos.
Dulces, insípidos, ácidos, cursis…
típicos de mi aburrido repertorio de reminiscencias.

Hablo de sentimientos que hielan el corazón al evocarlos,
que me hacen añorar el pasado
y repudiarlo cuando intenta volver.

Con rumbo incierto, con un sembradío de dudas,
intento dar pequeños pasos hacia… ignoro hacia donde,
pero por alguna razón deseo que al final de ese inexistente camino,
unos brazos bohemios me estén esperando
y me embriaguen del calor que calla a la tristeza
y la manda lejos por unos meses.

Ansío esa sonrisa que mentirá al decirme que todo irá bien.
Esos labios que me besarán
mientras piensan en el próximo partido de béisbol.
Esas manos que buscarán las mías en un absurdo gesto automático.

En fin, esa perturbadora maraña de códigos
que nos hacen pensar que estamos en el lugar y compañía adecuados.
Y que durará por siempre.

A pesar de conocer el guión y su significado,
en algún rincón de mi cerebro palpita el anhelo de estar ahí.
De dejarme envolver en promesas inútiles
que escucharé con ojos brillosos de emoción.
Los mismos que llorarán a mares cuando no las vean cumplidas.

Sí. Creo que espero colocarme de nuevo
en el ridículo papel de Julieta
y desencadenar el incontenible poder de mis emociones.
De mi amor.
Ese abrazador torbellino de fuego
en el que ardo y hago arder.

Que me exprime,
Que me llena y me vacía.
Que me eleva y me hunde,
Que me mata y me hace vivir...

Nocturna


Silencio. Ruinas. Niebla.


Vértigo eterno que arropa el aliento


y lo consume como el beso del vampiro.


La noche disfraza de sueños la almohada


Coloca la trampa donde caerá mi voluntad.


En círculos de ansiedad, el miedo se acerca.


Su bruma; densa, amarga, volátil,


puede palparse, cual nube de espanto.


Sangre que brota de una herida inexistente,


gemidos lejanos que cortan la calma


sin haber escapado de mis labios.


Quizás provienen del viento,


del insomnio, de las sombras,


de pesadillas lejanas que retuercen la realidad,


Que deshuesan mi alma


Y enmudecen mi dolor.


En esta horca, donde toda luz se vistió de ébano,


Donde toda sonrisa fue arrancada del espejo,


Donde bailan fantasmas que acarician mi cuello,


he muerto ante La Noche.


Noche dueña del aire


y dueña de mi sed.


Desafiante y seductora.


Inagotable.


Imperturbable.


Invulnerable.


Conocedora de que, al rayar el alba,


habrá poseído este cuerpo hasta los huesos.

PLUMA LIBRE ESTÁ DE ANIVERSARIO!!!

Un año ya… ¡Cuántas cosas he dicho! Y cuántas he callado…
Hoy por fin cumple un año este proyecto de vida que se convirtió en una necesidad para mí.
No hay mejor forma de celebrarlo, que escribiendo.
A continuación les dejo lo que me obsequiaron mis musas por este primer cumpleaños.

La bitácora de los sueños


Respiré hondo. Cerré los ojos. Volví a abrirlos.
Y allí estaba.
¡Qué sublime fue el encuentro!

No alcancé a hablar, ni a llorar, ni a reír. Sólo a escribir.
Dejé de ser yo, me convertí en mi pluma.
Integramos un mismo cuerpo en el espacio.

La dejé sentir por mí, andar por mí, soñar por mí.
Recorrimos juntas los senderos de este mágico lugar.


¿Dónde estuvo todo ese tiempo sin que yo lo descubriera?
¿Cómo es que no me atrajo antes su destello?
¿Cómo pude respirar sin verme en este espejo?

Mírenme, soy yo. Éste es mi rostro. El de mis versos.

Debió ser que mi alma sabía de este día.
Lo presintió y me empujó hasta aquí.

Sí, eso fue.
Este rincón ya existía dentro de mí.
Por eso sobreviví hasta verlo de frente.
Hasta verme explotar en él de felicidad.

Éste es mi hogar. El de mis miedos,
de mis caprichos,
de mis deseos, de mis secretos...
El hogar de mis sueños.


“Sueño que vivo entre nubes de musas,
que se dejan fundir por el ardor de mis manos,
que me toman sin aviso consumiendo mi esencia,
encerrándome por siempre a la sombra de lo humano.”

En ningún otro mundo sería yo misma.
Nada hay guardado para esta ave
en un nido
que no sea el de las letras.


“Porque soy el color libre que invade el papel.
Porque soy el papel libre donde vive mi alma.
Porque soy el alma libre que acaricia mi pluma.
Y la hace libre…
Libre, para siempre. ”


P/D: Mil gracias a quienes se han dedicado a compartir su tiempo con mis pensamientos y emociones durante este primer año de Pluma Libre.
Gracias a los que me siguen, a los que me elogian, a los que me critican y a los que me copian.
Debo agradecer además, a las tres personas responsables de que me decidiera a materializar esta idea: Raúl Santiago, Rodnie Jorge y Luís Federico Santana (ellos suelen creer en mí, más que yo misma).
En fin, nunca pensé que algo tan sencillo llegaría a convertirse casi en el centro de mi vida… y me haría tan feliz. Siempre me gustó escribir, pero nunca lo compartía.
Ahora sé que es mi destino. De verdad, ¡amo esto!
Quiero escribir hasta que muera, y quiero que mi huella permanezca viva junto a las de millones de seres que en su paso por la Tierra, honraron a la más noble de las Artes.
Aún falta mucha tinta por verter… ¿Me acompañan?

Lágrimas...


Tentación salada que resbalas por mi rostro,
dejando en mis mejillas tus huellas de desgracia...

¿De dónde vienes? ¿Porqué habitas en mis ojos?
He sentido tu presencia en el borde de mi alma,
inundándola, ahogando mis latidos sin piedad.

Acudes sin llamado, como la sangre a la herida,
y no logro detener tu furia y majestad.

Es tu lenguaje mudo el que lava mis penas,
tus susurros grises los que llenan mi melancolía,
y la dejan parida de recuerdos.
De sollozos. De sombras. De miedos.

Tantas veces has manifestado mi esencia,
que de memoria sabes el instante preciso
para embrigar a mis pupilas con tu néctar liberador.

En el torbellino de emociones en que nadan mis esperanzas,
tu fulgor deslumbra y desvanece todo.

Quieres quedarte, lo sé. Soy tu guarida predilecta.
Lo irónico es que representas a mi huésped preferido.

¿Para qué negarlo? Me amas y te amo.
En mí serás inmortal. Soy tu fuente interminable.

Nuestros nombres tienen la misma inicial.
Talvez nuestros cauces tengan el mismo final.

Casi perfecto


Sin la suave tentación de tu boca,
irresistiblemente deseable y hechicera,
mi fin de semana habría transcurrido sin mayores emociones.
Mi permanente introspección me mantiene ajena a las pasiones
que en otra época ocuparon mi tiempo
sin que yo tratara de evitarlo.
Pero ahora, luego de haberme sometido
a tu inquietante presencia,
el recuerdo de tu imagen caminando hacia mí,
me envuelve cuando menos lo espero,
transportándome hacia el rincón en que habitan mis añejas ganas de sentir.
Sentir…
El hormigueo electrizante al contacto de unos labios,
el acelerado pulso que enciende mi rostro sin remedio,
la erupción involuntaria de cada poro de mi piel,
el suspenso expectante en el que aguardo la próxima caricia,
y la correspondiente reacción que provocará en mi cuerpo…
¡Tantas cosas extraño sentir! Y en mi mente las hiciste revivir.
Pero estás allá, tras el cristal de lo inalcanzable,
y sólo puedo observar,
como quien espía la función detrás del telón,
suponiendo lo que habría pasado de no ser porque nunca estamos en el momento y lugar adecuados
para cambiar nuestra historia.
Luego nos toca ver esas escenas desde la fría inconciencia de la imaginación y el deseo,
preguntándonos ¿por qué no te conocí antes?
Esa es la interrogante que hoy baila en mi cabeza.
A pesar de haber cruzado apenas dos palabras,
y de no saber exactamente lo que provoqué en ti.
A pesar de tu fugaz, pero significativa despedida:
“Adiós princesa”…
y del tímido beso apresurado,
aún te veo al cerrar mis ojos.
Me contemplas de esa misteriosa forma
en la que nadie me había mirado,
y yo juego a adivinar lo que estás pensando,
soñando que acaso sería lo mismo que yo,
si no llevaras esa sortija en tu mano derecha.

Pétalos al viento...


Por que tu vientre me hizo una cuna,
suave como el amor con que cubrirías mi vida.

Porque tu pecho abrió sus manantiales,
desbordados de miel y mil fantasías.

Porque sentiste cada dolor ,
y los combatiste con firmeza.

Porque me amaste primero, antes que en mis ojos
se reflejara tu grandeza.

Porque fuiste todo, y eres todo.
Por tu entrega y tus reproches,

Por tu magia y tus locuras,
por tu sonrisa y tu ternura.

Por tus lágrimas vertidas,
por tus sueños rezagados,

Por las heridas de tu alma,
por la sumisión que te he negado.

Por mi silencio y mi apatía.
Por no luchar por tu alegría.

Por todo esto y más, quiero darte esta canción.
Regalo bizantino para quien tanto me dio.

Pensamientos insuficientes para compensar tanto amor,
sinfonía desdibujada entre el papel y el carbón.

Si la claridad de mis sentidos no ha sido suficiente
para darte lo que tú has sabido merecerte,

Hoy sólo quiero decirte “perdón”.
Que mi espíritu rebelde siempre te amó.

Que los años se llevaron mi regalo mejor:
Mi inocencia y mi paciencia; mi fe, mi candor.

Y sin tener tú la culpa del hueco que me hacían,
te negué todo aquello que tanto me pedías:

Un poco de amor, de dulzura, de paz...
De sonrisas que colmaran tu inmensa bondad.

Ahora el tiempo, en el que tanto confié,
se convierte en mi enemigo más cruel.

Su oscuridad amenaza con negarme tu presencia;
a tu cuerpo desgastado se le escapa la fuerza.

Se esfuma tu esperanza, tu voluntad, tu mirada...
Mientras yo giro en círculos que conducen a la nada.

¿Qué haré cuando tu luz se extinga de mi vida?
¿Dónde volcaré mis lágrimas de ira?

Sobre la roca fría de un sepulcro inerte,
con la ilusión de algún día volver a verte.

Hasta esa hora me conocerán como he sido,
porque mi verdadera esencia se marchará contigo.

Admitiré mi estupidez y mi pereza ciega
para defender lo más hermoso que la vida me diera.

Abriré las compuertas de mi corazón sin quejas,
dejando entrar en él la soledad en la que me dejas…

Pero aún no es el momento, necesito creerlo.
Dame un espacio para decir que lo siento.

Que puedo ser digna de haber nacido de tus entrañas,
que merezco al menos la más pequeña de tus hazañas.

Que serás siempre mi madre. Mi amiga. Mi alma.
Que cuando nos separemos, podré caminar en calma.

Gracias por tu sacrificio, tu sensatez, tu humildad.
Por tu perdón constante y por tu sinceridad.

Por aceptar entre tu prole a este conflicto andante,
que no ha valorado tu luz, que no supo cómo amarte.

Pero que te ama.
Por sobre todo, te ama.

Te amará hasta que quede un aliento en su ser.
Y hasta donde un espíritu sea capaz de querer.

Y mientras escribo estas líneas, que no leerás
porque mi cobardía me lo impedirá,

Sueño con que vivas tu propio sueño,
sabiendo que sueñas lo que yo sueño.

Pues tu felicidad depende de la mía,
de mi alegría se desprende tu alegría.

Así quiero ser quien cumpla tu dicha,
quien llene de flores el nido que habitas.

Que mis pétalos perfumen tu postrer camino
y que tu huella de mujer, yo rescate del olvido.