Casi perfecto


Sin la suave tentación de tu boca,
irresistiblemente deseable y hechicera,
mi fin de semana habría transcurrido sin mayores emociones.
Mi permanente introspección me mantiene ajena a las pasiones
que en otra época ocuparon mi tiempo
sin que yo tratara de evitarlo.
Pero ahora, luego de haberme sometido
a tu inquietante presencia,
el recuerdo de tu imagen caminando hacia mí,
me envuelve cuando menos lo espero,
transportándome hacia el rincón en que habitan mis añejas ganas de sentir.
Sentir…
El hormigueo electrizante al contacto de unos labios,
el acelerado pulso que enciende mi rostro sin remedio,
la erupción involuntaria de cada poro de mi piel,
el suspenso expectante en el que aguardo la próxima caricia,
y la correspondiente reacción que provocará en mi cuerpo…
¡Tantas cosas extraño sentir! Y en mi mente las hiciste revivir.
Pero estás allá, tras el cristal de lo inalcanzable,
y sólo puedo observar,
como quien espía la función detrás del telón,
suponiendo lo que habría pasado de no ser porque nunca estamos en el momento y lugar adecuados
para cambiar nuestra historia.
Luego nos toca ver esas escenas desde la fría inconciencia de la imaginación y el deseo,
preguntándonos ¿por qué no te conocí antes?
Esa es la interrogante que hoy baila en mi cabeza.
A pesar de haber cruzado apenas dos palabras,
y de no saber exactamente lo que provoqué en ti.
A pesar de tu fugaz, pero significativa despedida:
“Adiós princesa”…
y del tímido beso apresurado,
aún te veo al cerrar mis ojos.
Me contemplas de esa misteriosa forma
en la que nadie me había mirado,
y yo juego a adivinar lo que estás pensando,
soñando que acaso sería lo mismo que yo,
si no llevaras esa sortija en tu mano derecha.

Pétalos al viento...


Por que tu vientre me hizo una cuna,
suave como el amor con que cubrirías mi vida.

Porque tu pecho abrió sus manantiales,
desbordados de miel y mil fantasías.

Porque sentiste cada dolor ,
y los combatiste con firmeza.

Porque me amaste primero, antes que en mis ojos
se reflejara tu grandeza.

Porque fuiste todo, y eres todo.
Por tu entrega y tus reproches,

Por tu magia y tus locuras,
por tu sonrisa y tu ternura.

Por tus lágrimas vertidas,
por tus sueños rezagados,

Por las heridas de tu alma,
por la sumisión que te he negado.

Por mi silencio y mi apatía.
Por no luchar por tu alegría.

Por todo esto y más, quiero darte esta canción.
Regalo bizantino para quien tanto me dio.

Pensamientos insuficientes para compensar tanto amor,
sinfonía desdibujada entre el papel y el carbón.

Si la claridad de mis sentidos no ha sido suficiente
para darte lo que tú has sabido merecerte,

Hoy sólo quiero decirte “perdón”.
Que mi espíritu rebelde siempre te amó.

Que los años se llevaron mi regalo mejor:
Mi inocencia y mi paciencia; mi fe, mi candor.

Y sin tener tú la culpa del hueco que me hacían,
te negué todo aquello que tanto me pedías:

Un poco de amor, de dulzura, de paz...
De sonrisas que colmaran tu inmensa bondad.

Ahora el tiempo, en el que tanto confié,
se convierte en mi enemigo más cruel.

Su oscuridad amenaza con negarme tu presencia;
a tu cuerpo desgastado se le escapa la fuerza.

Se esfuma tu esperanza, tu voluntad, tu mirada...
Mientras yo giro en círculos que conducen a la nada.

¿Qué haré cuando tu luz se extinga de mi vida?
¿Dónde volcaré mis lágrimas de ira?

Sobre la roca fría de un sepulcro inerte,
con la ilusión de algún día volver a verte.

Hasta esa hora me conocerán como he sido,
porque mi verdadera esencia se marchará contigo.

Admitiré mi estupidez y mi pereza ciega
para defender lo más hermoso que la vida me diera.

Abriré las compuertas de mi corazón sin quejas,
dejando entrar en él la soledad en la que me dejas…

Pero aún no es el momento, necesito creerlo.
Dame un espacio para decir que lo siento.

Que puedo ser digna de haber nacido de tus entrañas,
que merezco al menos la más pequeña de tus hazañas.

Que serás siempre mi madre. Mi amiga. Mi alma.
Que cuando nos separemos, podré caminar en calma.

Gracias por tu sacrificio, tu sensatez, tu humildad.
Por tu perdón constante y por tu sinceridad.

Por aceptar entre tu prole a este conflicto andante,
que no ha valorado tu luz, que no supo cómo amarte.

Pero que te ama.
Por sobre todo, te ama.

Te amará hasta que quede un aliento en su ser.
Y hasta donde un espíritu sea capaz de querer.

Y mientras escribo estas líneas, que no leerás
porque mi cobardía me lo impedirá,

Sueño con que vivas tu propio sueño,
sabiendo que sueñas lo que yo sueño.

Pues tu felicidad depende de la mía,
de mi alegría se desprende tu alegría.

Así quiero ser quien cumpla tu dicha,
quien llene de flores el nido que habitas.

Que mis pétalos perfumen tu postrer camino
y que tu huella de mujer, yo rescate del olvido.

Hasta cuándo?


Hay un mar desgarrado.
En su inmensidad azul hoy habita una sombra.
Se la obsequió el hombre en su afán de conquista,
y el contraste amenaza con extinguir vidas.
Agua salada y oro negro. Combinación fatal de naturaleza y muerte.

Hay también un bosque olvidado.
Sus verdes reyes son despojados de sus cetros.
Sus huéspedes huyen del castigo y del ruido.
Su color se apaga tras la aridez y el humo.

Hay un río sangrante.
Con cauces ultrajados por manos ambiciosas.
Falto de proveedores que hagan parir las montañas
y le otorguen bendiciones líquidas y blancas.

Hay un planeta que gime.
En sus entrañas, el dolor de saberse destruido.
Su palpitar escapa de la vida.
Corre en el viento, en el agua, en la tierra.
Heridas que no cesan, lamentos que no callan.
Cataclismo eminente al que asistimos orgullosos,
vestidos con la gala de la apatía y la estupidez.

Tenemos una casa que no nos merece.
Vivimos en un nido que no merecemos.
Que nos regala Vida y le quitamos la Vida.
Que nos ama en exceso y que traicionamos sin piedad.

¡Miserable recompensa para quien tanto nos da!

Hoy visto mi alma de luto natural.
Mi corazón llora el dolor que siente el mar.
Pero al final de esta canción, sé que el daño no es eterno.
Pueden creerme, pronto habrá de terminar…

¿La causa será nuestra sensatez y conciencia?
¿Será el resultado de la acción y la fuerza?

Quisiera poder prometerles que sí.
Que la destrucción terminará por que diremos “lo decidí”
Pero algo me dice que el fin estará aquí
Sólo porque ya no quedará nada que destruir.




(A propósito del desastroso derramamiento de petróleo en el Golfo de México, E. U., el pasado 20 de abril)

Sobre el "arte" de escribir y el "placer" de leer


Dijo Oscar Wilde: “Para escribir sólo hacen falta dos cosas: tener algo que decir, y decirlo.”

Como admiradora de ese perseguido y atribulado escritor, debo plantear mi punto de vista ante la frase, después de haber navegado por algunos blogs.

Por un lado, esa afirmación explicaría el hecho de que millones de personas no se dediquen a escribir ni siquiera mensajes en un post-it. ¡No tienen nada que decir!, y mucho menos sabrían cómo decirlo.

Por otro lado, creo que para escribir, repito, para
ES-CRI-BIR (y no me refiero a trazar idioteces en una hoja, sino a hacer arte) hace falta mucho más que las dos proposiciones de mi querido Wilde. Me explico:
· Talento
· Ideas claras e interesantes
· Extrema sinceridad
· Hábito de lectura
· Valentía e independencia
· Autenticidad e ingenio
· Considerable dosis de inteligencia
· Cero ambiciones de reconocimiento y halago
· Disposición para el sacrificio
· Calidad de tiempo
· Riqueza de vocabulario
· Curiosidad intelectual
· Sentido común y crítico
· Suficiente humildad
· Conciencia del propio talento
· Compromiso y amor por el oficio
· Perfecta ortografía (imprescindible)
· Coherencia y fluidez
· Sensibilidad
· Respeto por los lectores (si se tienen, claro)

En fin, podría enumerar otros detalles, pero lo importante es que tener demasiado tiempo libre no es una razón de peso para mancillar el lápiz y el papel (o el teclado), y de paso, taladrar los ojos de los lectores.

Desde esta humilde bitácora hago un llamado a la piedad de los abusadores que, bajo el amparo de la libertad de expresión, han publicado tantas barbaridades y me han hecho perder unos valiosos segundos leyendo sus líneas (sólo unos segundos, pues eso basta para darme cuenta de que debo abandonar la lectura por respeto a mi inteligencia).

Ojalá las personas con complejo de “Debo-hacer-algo"
fueran tan sensatas como un jovencito que conozco. Su papá (que tiene mucho dinero) le hizo la tentadora pregunta de qué quería hacer con su vida. A lo que el adolescente contestó con una brillante confesión: “Papi, sólo quiero ver televisión”.

Y el padre, como buen padre al fin, le dio la terrible y consoladora respuesta: “Entonces ya está mi hijo, acomódese, que yo pago”.


MORALEJA: Si usted no sabe hacer algo o no tiene nada bueno que hacer, ¡no haga nada! Algunos se lo vamos a agradecer y el mundo seguirá girando sin echar de menos su afán.

De mi psicología y otros demonios…


Un cerebro que se reactiva.
Pensamientos que brotan como rocío inesperado.
Aquí estoy, orgullosamente ambiciosa y receptiva.
Trato de callar mi revolución interna, pero es imposible…ya me conocen, alma indomable, irremediablemente subversiva y ortodoxa.

El conflicto ahora es qué hacer con este espacio tan corto, para tan grandes alas.

Con el dilema de querer tanto y tener tan poco.

De no conformarme con poder ser lo que soy, sino llegar a ser todo lo que puedo.

Aceptar que en este mundo tan ajeno a mí, me alisté entre los “fenómenos” por perseguir la superioridad de mi propio espíritu.

Porque lucho a diario con los restos de inmadurez que la juventud me ha legado.

Porque aspiro a descansar en la meta para ver llegar a mis miedos en último lugar, y reírme de ellos.

Por buscar desligarme de la ignorancia y la ordinariez.

Por desear evolucionar hacia una nueva especie (lo menos “humana” posible).

Por atreverme a rechazar criterios que traía adheridos como una segunda piel, y que la Razón se ha encargado de desplazar por otros.

¿Qué hacer con esta sed inmensa de Sabiduría y Conocimiento? ¿Con esta sensación de insuficiencia intelectual?

Forjo mis propios horizontes, alejándolos lo más que pueda. Tanto, que a veces creo perderlos de vista. Pero eso no es suficiente.

Mas sé que la búsqueda de la Verdad tiene un final. Y aunque me halle lejos, no desistiré.

A pesar de que el escenario en el que inconformemente vivo, amerita cierta adaptación o participación en lo simple, en lo “normal”, esto no simboliza una aceptación de mi parte a tal atmósfera.

Y esa actitud mía, como todo en la vida, está envuelta en la ley de Causa y Efecto.

La causa, es asunto de otro post.
La consecuencia, es la soledad.

¿Debería verla como un castigo?
¡Bendito y dulce castigo!
En realidad, es mi mayor recompensa.

Soledad y libertad. Soledad y sensatez. Soledad y rebeldía. Soledad y alma.

No pido más.