Nocturna


Silencio. Ruinas. Niebla.


Vértigo eterno que arropa el aliento


y lo consume como el beso del vampiro.


La noche disfraza de sueños la almohada


Coloca la trampa donde caerá mi voluntad.


En círculos de ansiedad, el miedo se acerca.


Su bruma; densa, amarga, volátil,


puede palparse, cual nube de espanto.


Sangre que brota de una herida inexistente,


gemidos lejanos que cortan la calma


sin haber escapado de mis labios.


Quizás provienen del viento,


del insomnio, de las sombras,


de pesadillas lejanas que retuercen la realidad,


Que deshuesan mi alma


Y enmudecen mi dolor.


En esta horca, donde toda luz se vistió de ébano,


Donde toda sonrisa fue arrancada del espejo,


Donde bailan fantasmas que acarician mi cuello,


he muerto ante La Noche.


Noche dueña del aire


y dueña de mi sed.


Desafiante y seductora.


Inagotable.


Imperturbable.


Invulnerable.


Conocedora de que, al rayar el alba,


habrá poseído este cuerpo hasta los huesos.

PLUMA LIBRE ESTÁ DE ANIVERSARIO!!!

Un año ya… ¡Cuántas cosas he dicho! Y cuántas he callado…
Hoy por fin cumple un año este proyecto de vida que se convirtió en una necesidad para mí.
No hay mejor forma de celebrarlo, que escribiendo.
A continuación les dejo lo que me obsequiaron mis musas por este primer cumpleaños.

La bitácora de los sueños


Respiré hondo. Cerré los ojos. Volví a abrirlos.
Y allí estaba.
¡Qué sublime fue el encuentro!

No alcancé a hablar, ni a llorar, ni a reír. Sólo a escribir.
Dejé de ser yo, me convertí en mi pluma.
Integramos un mismo cuerpo en el espacio.

La dejé sentir por mí, andar por mí, soñar por mí.
Recorrimos juntas los senderos de este mágico lugar.


¿Dónde estuvo todo ese tiempo sin que yo lo descubriera?
¿Cómo es que no me atrajo antes su destello?
¿Cómo pude respirar sin verme en este espejo?

Mírenme, soy yo. Éste es mi rostro. El de mis versos.

Debió ser que mi alma sabía de este día.
Lo presintió y me empujó hasta aquí.

Sí, eso fue.
Este rincón ya existía dentro de mí.
Por eso sobreviví hasta verlo de frente.
Hasta verme explotar en él de felicidad.

Éste es mi hogar. El de mis miedos,
de mis caprichos,
de mis deseos, de mis secretos...
El hogar de mis sueños.


“Sueño que vivo entre nubes de musas,
que se dejan fundir por el ardor de mis manos,
que me toman sin aviso consumiendo mi esencia,
encerrándome por siempre a la sombra de lo humano.”

En ningún otro mundo sería yo misma.
Nada hay guardado para esta ave
en un nido
que no sea el de las letras.


“Porque soy el color libre que invade el papel.
Porque soy el papel libre donde vive mi alma.
Porque soy el alma libre que acaricia mi pluma.
Y la hace libre…
Libre, para siempre. ”


P/D: Mil gracias a quienes se han dedicado a compartir su tiempo con mis pensamientos y emociones durante este primer año de Pluma Libre.
Gracias a los que me siguen, a los que me elogian, a los que me critican y a los que me copian.
Debo agradecer además, a las tres personas responsables de que me decidiera a materializar esta idea: Raúl Santiago, Rodnie Jorge y Luís Federico Santana (ellos suelen creer en mí, más que yo misma).
En fin, nunca pensé que algo tan sencillo llegaría a convertirse casi en el centro de mi vida… y me haría tan feliz. Siempre me gustó escribir, pero nunca lo compartía.
Ahora sé que es mi destino. De verdad, ¡amo esto!
Quiero escribir hasta que muera, y quiero que mi huella permanezca viva junto a las de millones de seres que en su paso por la Tierra, honraron a la más noble de las Artes.
Aún falta mucha tinta por verter… ¿Me acompañan?

Lágrimas...


Tentación salada que resbalas por mi rostro,
dejando en mis mejillas tus huellas de desgracia...

¿De dónde vienes? ¿Porqué habitas en mis ojos?
He sentido tu presencia en el borde de mi alma,
inundándola, ahogando mis latidos sin piedad.

Acudes sin llamado, como la sangre a la herida,
y no logro detener tu furia y majestad.

Es tu lenguaje mudo el que lava mis penas,
tus susurros grises los que llenan mi melancolía,
y la dejan parida de recuerdos.
De sollozos. De sombras. De miedos.

Tantas veces has manifestado mi esencia,
que de memoria sabes el instante preciso
para embrigar a mis pupilas con tu néctar liberador.

En el torbellino de emociones en que nadan mis esperanzas,
tu fulgor deslumbra y desvanece todo.

Quieres quedarte, lo sé. Soy tu guarida predilecta.
Lo irónico es que representas a mi huésped preferido.

¿Para qué negarlo? Me amas y te amo.
En mí serás inmortal. Soy tu fuente interminable.

Nuestros nombres tienen la misma inicial.
Talvez nuestros cauces tengan el mismo final.

Casi perfecto


Sin la suave tentación de tu boca,
irresistiblemente deseable y hechicera,
mi fin de semana habría transcurrido sin mayores emociones.
Mi permanente introspección me mantiene ajena a las pasiones
que en otra época ocuparon mi tiempo
sin que yo tratara de evitarlo.
Pero ahora, luego de haberme sometido
a tu inquietante presencia,
el recuerdo de tu imagen caminando hacia mí,
me envuelve cuando menos lo espero,
transportándome hacia el rincón en que habitan mis añejas ganas de sentir.
Sentir…
El hormigueo electrizante al contacto de unos labios,
el acelerado pulso que enciende mi rostro sin remedio,
la erupción involuntaria de cada poro de mi piel,
el suspenso expectante en el que aguardo la próxima caricia,
y la correspondiente reacción que provocará en mi cuerpo…
¡Tantas cosas extraño sentir! Y en mi mente las hiciste revivir.
Pero estás allá, tras el cristal de lo inalcanzable,
y sólo puedo observar,
como quien espía la función detrás del telón,
suponiendo lo que habría pasado de no ser porque nunca estamos en el momento y lugar adecuados
para cambiar nuestra historia.
Luego nos toca ver esas escenas desde la fría inconciencia de la imaginación y el deseo,
preguntándonos ¿por qué no te conocí antes?
Esa es la interrogante que hoy baila en mi cabeza.
A pesar de haber cruzado apenas dos palabras,
y de no saber exactamente lo que provoqué en ti.
A pesar de tu fugaz, pero significativa despedida:
“Adiós princesa”…
y del tímido beso apresurado,
aún te veo al cerrar mis ojos.
Me contemplas de esa misteriosa forma
en la que nadie me había mirado,
y yo juego a adivinar lo que estás pensando,
soñando que acaso sería lo mismo que yo,
si no llevaras esa sortija en tu mano derecha.