¿Por qué es mi Pluma Libre?


Porque se hizo sola
Porque dice lo que piensa
Porque quiere demasiado
Porque no busca lo simple
Porque ha visto la luz
Porque no es monotemática
Porque no se cohíbe ante el temor
Porque no obedece a criterios preconcebidos
Porque se adapta a cualquier molde
Porque es lírica y prosa
Porque no mira hacia atrás
Porque no pide perdón
Porque fabrica sus musas
Porque no absorbe estilos ajenos
Porque no distingue entre públicos
Porque le sobran palabras
Porque no requiere de halagos
Porque no rechaza críticas
Porque conoce sus imperfecciones
Porque no sucumbe ante la envidia
Porque no la seduce la pereza
Porque no la atan las pasiones
Porque no la ahogan mis otros amores
Porque no sabe del tiempo
Porque se viste de sensibilidad
Porque vive de la imaginación
Porque alimenta mi vida
Porque tiene alas
Porque su límite es cielo
Porque no necesita de nada... ni siquiera de mí.


Este post surgió por la constante pregunta que me hacen muchos: ¿Por qué ese nombre para tu blog?. Aquí les dejo 30 razones, aunque son más. Espero que ya tengan la respuesta. (Sobre todo tú, Pedrito)

Ante un deseo prohibido...


Aún poseyendo el pase sin culpa de que es mejor ceder a la tentación para liberarse de ella, me hallo ante la pared del pudor que me impide avanzar.

Con dos personajes dueños de mi ser, enloquezco por su eterna lucha: la niña inocente que insiste en no morir del todo y la mujer en llamas que amenaza con enterrarla para siempre.

Frente a este cruel dilema que roba mis energías, no poseo un arma efectiva que me rescate del abismo. No tengo nada. Sólo mi innecesaria conciencia, amenazando con atormentarme para siempre si permito que la balanza se incline hacia el “sí”.

¿Qué he de hacer? Esperar.
¿Será fácil la espera? No lo creo. La seducción atrapa, el deseo provoca, la química envuelve.

Es extraño el comportamiento humano. A pesar de que el amor es inadmisible,
¿Por qué se materializa en sueños lo que se evapora en la realidad?
¿Por qué el presentimiento de algo inexorable flota en el aire como una sombra?
¿Por qué puedo leer la intimidad de unos ojos ajenos, y ellos la mía?

Este juego de miradas terminará por erupcionar.
Miradas que, aún a distancia, veo brillar en el silencio,
puedo sentirlas oprimiendo mi cuerpo.

Lástima que se queman quienes juegan con fuego.
Será mejor no encender la llama, porque una vez que arda...
no habrá marcha atrás.
Ya sé lo que necesito... ¡Firmeza!
¿Alguien sabe dónde la consigo?

Rapsodia para letras eternas


Atrapada entre esta pluma holgazana, que se aprovecha de la libertad que la envuelve para perderse en las tinieblas de la pasividad, miro tras un espejo empañado de sueños, de espera, de calma.
Apelo a la pasión de mis musas, a ver si logran levantar el tintero y sumergir en él mi instrumento de magia. Y lo logran. No hay nada que ellas no puedan lograr.
Sin darme cuenta, estoy flotando de nuevo entre las páginas rayadas, antes inmaculadas como una virgen de Rafael, y ahora manchadas con el color de mis suspiros.
Sola en este rincón, donde puedo encontrarme con mi esencia dormida, donde el cristal de mis ojos resplandece tras el baño de lágrimas, aquí donde inventé mi defecto favorito y donde traté de envenenarme con mi propio odio.... aquí existo. Soy. Pienso. Vivo.
En este dulce infierno retozo sin prisa, dejando que el tiempo tome toda ventaja.
Quiero que él gane, y que al final, cuando decida vencerme, me sorprenda aquí. Pluma en mano… y alma en vilo.

Lo tengo todo!!


Que sería de mí sin mi instinto,
sin mi revolución de ideas y mi carga de pecados.
Sin fuego en el que arda cuando dudas me atormentan,
sin rabia que me estorbe en las tardes de verano.
Que sería de mí sin rebeldía,
sin contradicciones, sin guerras internas.
Sin odio y sin temores, sin penas que me ahoguen.
Sin ojos que me ignoren, sin inocencia que me roben.
Que sería de mi sin ilusiones,
unas deshechas, otras agrietadas,
y cada una con su espacio debajo de mi cama.
Que sería de mí sin egoísmo,
el que me hace amarme y cuidar mis pasos.
Que sería de mí sin altruismo,
por el que me aman muchos, a pesar de mis fracasos.
Que sería de mí sin la envidia de otros,
sin sus trampas y bajezas, sin su celo y sus enojos.
Que sería de mí sin rayos que me besen,
que recuerden a mi pecho el calor de ser amada,
que me traigan el perfume de pasiones que florecen
y que luego me sepulten al ser abandonada.
Que sería de mí sin lo peor de mí.
¿A donde iría con mi vida perfecta?
Cada espina que poseo, es la parte de un trofeo.
Cada error en mi guión, me permite ser mejor.
No sería yo sin mis limitaciones,
sin inquietudes que llueven por montones,
sin matices que opacan los colores,
sin deseos que condenan los mormones.
Así soy. Mezcla de espuma y sal,
amalgama de cielo y mar.
Un poco de histeria y cordura,
dosis de hiel y dulzura.
Basta de rimas.
Talvez no tengo lo que el resto de los mortales exige para ser feliz,
pero poseo justo lo ineludible para ser yo misma.
Y eso es todo lo que necesito.

Lucy's Calendar


Y nació enero. Con él también nací yo, despacio, como la rosa que espera la madrugada para abrirse a escondidas, sin que nadie atestigüe su sensual metamorfosis.
Mis pupilas presenciaron un febrero inseguro, turbio, aburrido. Tuve que tomarlo de la mano y convencerlo de que todo iría bien, de que lo peor había pasado ya.
Marzo trajo los perfumes del olvido, los que hacen estremecer mis sentidos, siempre como la primera vez. Los que dejan en mis labios el sabor de besos secretos, extintos al mismo momento de nacer.
No me di cuenta de que era abril, hasta que iba casi a marcharse. Le reclamé las tantas emociones que debieron venir en su equipaje y me rogó que lo esperara un poco más. Juró que las traería pronto.
Así que puse mi ilusión en mayo, aunque nunca he confiado en él. Sus torrentes arrastraron la espera y dejaron brillando mis caderas.
Junio rompió mil lazos, convenciéndome de que es posible vivir en la atmósfera de los sueños, aún cuando no tengan oportunidad de resistir.
Anduve confundida y sombría, hasta que julio me abofeteó con fuerza, como suele hacerlo para despertarme de la amarga insensibilidad.
Cuando ya no ostentaba más esperanzas, agosto me desvistió. Esposó mis manos, vendó mis ojos, quemó mi piel. Y se fue sin despedirse.
Al ver a septiembre, sonreí. Sabía que en sus redes venía el color del otoño. Nos abrazamos, y aún después de irse, mi alma lo seguía viendo.
Octubre reivindicó mi espíritu. Sin dar explicaciones, vació el obsoleto armario de mis sentimientos y me obsequió un escudo nuevo, para cambiar el que el amor me había estropeado.
Mi corazón latió de prisa, se revolvieron mis entrañas. Era noviembre con su porte de antesala del final. Trató de inquietarme con su profecía fatalista, pero mi ser no pudo prestarle atención. Miraba un punto fijo, el mismo que sigo viendo ahora...
Es diciembre. Continúo mirando. Es una luz hechicera que me embriaga de valor, de ansiedad, de poder. No tiene color, ni lugar de procedencia, sólo sé que la observo. Y ella camina hacia mí.
El año aún no termina. Esperaré aquí... hasta que la luz me alcance.